Una travesía por Tierra de Campos, la dehesa salmantina y el corazón de la Sierra de Gata
El viaje cruza tres paisajes muy distintos en menos de cinco horas: la inmensidad cerealista de Tierra de Campos, la dehesa de encinas centenarias del oeste salmantino, y la subida a la Sierra de Gata, donde el granito asoma entre robledales y pinares. Lo más bonito —prometido— está en el último tercio del camino.
Tierra de Campos en estado puro. Llanura cerealista hasta el horizonte, palomares de adobe punteando el campo, pueblos de barro apenas asomando entre los trigales. El paisaje «vacío» de Castilla, fotogénico con la luz oblicua de la mañana.
Tras Tordesillas, ya en la A-62, entramos en la campiña salmantina: sigue siendo llano pero con encinares dispersos, dehesa incipiente.
Aquí aparece la dehesa salmantina: encinas centenarias muy espaciadas, pastos rojizos, ganado autóctono. Uno de los paisajes más bonitos de la península.
Atención al pasar Ciudad Rodrigo: la silueta amurallada sobre el cerro junto al río Águeda se ve perfectamente desde la propia autovía. Es el primer wow del viaje.
Aquí empieza lo bueno. Dejamos la autovía y cogemos una carretera comarcal que sube hacia el sur. Cambio total de paisaje:
El Puerto de Perales (~ 900 m)
Al coronar y empezar a bajar hacia Extremadura, se abre TODO el valle del Árrago a nuestros pies. La dehesa cacereña extendiéndose hasta perderse de vista. En días claros se distinguen las sierras de Las Hurdes al este.
Pararemos un momento para la foto.
Bajada por la ladera sur de la sierra entre pinares y alcornocales. Aquí está La Dehesa peraliega, con sus alcornoques espectaculares, vacas moruchas y cerdos ibéricos pastando libremente.
A la izquierda se va dibujando la mole del Pico Jálama (1.487 m), la cumbre más alta de la Sierra de Gata.
Av. Sierra de Gata, 72 · Perales del Puerto
Carnes a la brasa, pulpo, secreto ibérico, croquetas de setas. Terraza con emparrado natural y muy buen ambiente serrano.
Tel: 689 17 92 50
Último tirón. Bajamos al llano: dehesa cacereña abierta y los regadíos del Árrago, alimentados por el pantano del Borbollón. 25 km que se hacen en nada.